Sin ánimo de levantar ampollas, ni polemizar, me gustaría tratar un tema que hace mucho, mucho tiempo tengo ganas de abordar.

Y es: ¿Qué hemos hecho con la espiritualidad?.

 

Hemos pasado de un conocimiento reservado para pocos iniciados, un conocimiento que se daba en años de práctica y de méritos a una… (ruego que nadie se ofenda) banalización realmente preocupante. Hemos pasado de practicar la humildad a sentirnos “la bomba” por tener alguna idea de “espiritualidad”.

 

Nos movemos por modas, ayer: “maestros ascendidos”, hoy: “canalizaciones”, mañana: “ángeles”, pasado mañana: “chamanes”, de la misma forma nos adjudicamos “gurús” y como somos muy modernos en la espiritualidad cambiamos de “gurú” y creencias con facilidad. Incluso los hay que se siente precursores de moda y les gusta estar en “la cresta de la ola”.

 

Eso hace que salgan de la nada (literalmente) maestros, maestrillos de temas diversos y también sujetos a moda. Y técnicas diferentes basadas en “producto” cóctel que suene bien. Ponemos un nombre que venda, como Reiki, con un lugar bucólico como de los Mayas o algún Ser de moda. Cuando la realidad es que el Reiki lo inventó un japonés, que no salió nunca de Japón y que murió no hace tantos años.

 

Hace unos años, estaban de moda las canalizaciones, santos, maestros ascendidos, extraterrestres y alrededor de eso se generaba gente idealista con ganas de crecer espiritualmente, otros que vieron negocio, aprovechándose de la buena fe, otros vieron reconocimiento, también conocí otros que creían de verdad estar canalizando. Recuerdo que María Magdalena destacaba en esa moda y era divertido ver cómo la supuesta misma María Magdalena, según el canalizador, aconsejaba cosas contradictorias, como el veganismo, el vegetarianismo, la dieta macrobiótica. En una supuesta “auténtica” canalización demonizó el Reiki, en otra aconsejaba a todos hacer Reiki.

 

Llenamos de magia la “espiritualidad” y buscamos esos “magos” porque no nos hemos percatado que nuestro verdadero “gurú” está en nosotros.

 

Antes, hace años, cuando me daba cuenta que alguien, que yo apreciaba, podía ser engañado, corría a avisarle, me di cuenta que no servía de nada.

Recuerdo que una pareja de supuestos profesionales, nos vendió una moto. Ya habíamos anunciado sus cursos, ya teníamos dos personas interesadas cuando nos dimos cuenta del fraude. Teóricamente eso nos dejaba un beneficio que nos venía muy bien, no hacía mucho que habíamos invertido en nuestra sede y teníamos que tirar de ahorros para salir adelante. Les dijimos que no íbamos a organizar sus eventos. Avisamos a dos de las chicas apuntadas. Siguieron con ellos en otra ciudad y enfriaron nuestra relación con nosotros. Para nosotros fue una prueba de honestidad. Pero ellas necesitaban pasar por ese proceso.

Aprendí que no debía decir nada, que la gente necesita pasar por ese proceso para cribar la verdad. Solo si me preguntan digo lo que pienso. Aun así, la gente no siempre quiere oírlo.

 

Los años nos han dirigido hacía la autoconsciencia. Confío en mis guías, en mi consciencia, esa no me engaña y cada día la oigo más fuerte, más clara. Y lo que haga cada uno, me importa menos, porque va a ser el progreso de cada uno y seguro que está donde debe estar. Si no nos hubiéramos dejado seducir por los “cantos de sirenas” hoy no estaríamos en este camino de consciencia.

 

Me limito a ir donde me llevé el corazón, porque aunque me equivoque, es que tenía que ser así. Estamos ciegos cuando tenemos que aprender algo. Y vemos cuando ya hemos aprendido. Supongo que necesitamos muchas vidas para aprender y yo me siento en un mundo hermoso.