Desde hace bastantes años tengo claro que el mundo de la salud me atrae, me llama.

Cuando era niña quería ser veterinaria. Crecí, y empecé los estudios de Psicología en la Universidad de Granada, pero los abandoné porque no era exactamente lo que estaba buscando.  Después, me hice Quiromasajista, Masajista deportiva, Reflexóloga podal, y Técnico en cuidados auxiliares de enfermería. Me movía el deseo de ayudar a los demás.

Trabajé con todas estas herramientas. Lo daba todo en cada uno de los trabajos que fui desempeñando, incluso más del cien por cien, y acababa cansadísima, saturada, agobiada y agotada.

Llegué al Centro Amatista como alumna de Registros Akáshicos, tras mi primera lectura como cliente, realizada por la consultora profesional Marie Therese Timlim, también alumna de la Escuela Akasha. ¡Yo ni siquiera sabía de qué iba el tema! Para mí fue una experiencia decisiva, porque a partir de entonces me di cuenta de algo: toda mi vida había sido como un árbol que, sin preocuparse por  abonar la tierra ni por bañarse de rayos de sol poderosos, había regalado sus frutos  hasta secar  sus ramas. Nunca había escuchado las necesidades de mi ser, quizá buscando aprobación externa, agradar a los demás. Pero, ¿dónde quedaba el agradarme a mí misma?

Algunos conceptos fueron cambiando: la palabra “egoísmo”, tal como la conocía y había entendido durante toda mi vida, ya no tenía sentido. El hecho de necesitar tiempo para mí misma , tanto como respirar y saciar mi sed, ya no era visto como algo negativo. El concepto de “ayuda” también estaba distorsionado, ya que si ayudas a alguien que no te lo ha pedido o no está preparado para recibir tu mano, supone un desgaste para tí e incluso es una falta de respeto hacia el camino que el otro debe recorrer, una intromisión. Eso lo sé ahora.

Ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta de lo que una persona puede cambiar muchos aspectos de su vida en tan solo dos años o al menos apreciar la vida desde otras perspectivas. Este lugar, Amatista, y más concretamente la herboristería, es para mí una ventana que me permite percibir al ser humano que busca otro camino, ya sea a través de terapias complementarias, cursos o productos de la tienda, o simplemente el regalo de unos minutos para poder expresarse y ser escuchado. Y, al ser como un teatro en el que te sientes como parte de la obra y al mismo tiempo espectador, puedes darte cuenta de que la vida es un juego que te permite conocerte a tí mismo.

Después de haber pensado tantas veces: ¿por qué el  ser humano no deja de buscar caminos y se centra en uno o dos? ¿por qué motivo no para de ir de un lugar a otro?, me quedo con una reflexión del Dr. David R. Hawkins, en la que dice que ama y admira al ser humano, entre otros motivos, porque no para de buscar caminos para ser feliz.

Quizá esa esperanza que nos mueve a todos mientras estamos vivos, sea el motor para darnos cuenta de que todas las respuestas se encuentran dentro de nosotros, y caminamos por diferentes senderos hasta volver a encontrarnos. Cada uno a su ritmo, cada ser por su camino, queriéndose, mimándose, respetando su tiempo y su única y maravillosa forma de ser.

Luz Armillas