Me siento ser siendo sido. Estoy siendo hilvanado, cosido en un pespunte de dentro afuera y de arriba abajo, de lo sutil a lo grosero para que este vaya hacia lo ligero y aquel, vuelta a lo excelso; maravilla que es uno/a en la Divina Comedia del Akasha, pues esta deja el drama fuera y por siempre lejos.

SER AKASHA es ir enamorado de todo sin necesidad de poseerlo porque te faltara algo, que nada es. Eso es la sintonía del Amor sin más pretensión que la de ser y sentirte expresado a su través, vamos, al revés de todo lo que ves.

Hacer Akasha es permearte primero en el marco de un espacio de dedicación profunda. Verte útil en él, no hay nada a la ligera. Todo hace, hasta el más mínimo intento. Tener prisa en alcanzar las metas no hará sino que fracases, pues esto es un sagrado tiempo de maduración. Yo he madurado muy lentamente, empecé en el año 2007, y ahora recojo las mieles del éxito, pues, si ves estas líneas son gracias al Akasha y su versatilidad para la creatividad que he alcanzado; más – menos, no importa, lo que importa es la expresión.

Algun@s comentan que si esto de repetir cursos es una especie de manera inútil y cuasi insinúan que podría ser un sacadineros. Y hay quien hace uno o dos cursos y ya. En mi opinión esto es un error. La materia que se trata en los cursos de Registros Akáshicos es de una magnitud tal y una profundidad cual que se necesita un fuerte y continuo esfuerzo por parte del alumno para conquistar la frecuencia akáshica. No es fácil. Tal poco difícil. Puedes leer todos los libros que desees sobre técnicas de nadar, pero es cuando te tiras a la piscina que abres los ojos.

Ricardo Arozarena